“Los avances médicos y científicos sobre la úlcera de Buruli de los últimos diez años han supuesto un giro de 180 grados”
Paul Johnson, Director del Departamento de Enfermedades Infecciosas de Austin Health en Australia y miembro del Grupo Consultor de la Iniciativa Mundial de Lucha contra la úlcera de Buruli
¿Cómo explicaría el hecho de que, todavía hoy, la comunidad científica no haya descubierto cuáles son los diferentes modos de transmisión de la úlcera de Buruli?
A nivel científico todavía se desconocen cuáles son esos modos de transmisión. Hay muchas teorías competentes, basadas en sólidos argumentos, pero no existe certeza absoluta sobre ninguna de ellas. Sabemos que hay un organismo, una micro bacteria que vive en ciertos lugares, que se encuentra en el medio ambiente y la única evidencia es que si la persona no vive en esos lugares, no se expone a la enfermedad. Por lo tanto, la única certeza científica es que si no se reside en una zona endémica no se puede padecer úlcera de Buruli (UB). Pero más allá de esa afirmación, sólo hay teorías.
¿Qué sucede con los tratamientos antibióticos? Sabemos de la existencia de diferentes teorías entre la comunidad científica y médicos y también distintas aplicaciones en función de los países.
Los últimos años han supuesto una revolución en lo referente a los tratamientos antibióticos. La calidad de los mismos ha mejorado mucho y hoy día, existen buenos tratamientos para quienes padecen UB en el mundo. Especialmente la combinación de dos de ellos, la rifampicina y estreptomicina. Su administración parece ser clave en la reducción de los efectos de la enfermedad. Su uso ha demostrado que es capaz de matar a la bacteria, lo que significa que quienes tengan que pasar por una intervención quirúrgica serán menos, y que esa intervención será menos agresiva. Es una mejora notable para pacientes y también para cirujanos/as que saben que pueden hacer una intervención menos invasiva ya que no necesitan una operación en la que eliminar a las bacterias, sino que deben limitarse a eliminar las partes afectadas, puesto que la bacteria ya ha desaparecido. Tienen la seguridad y la confirmación científica de que la bacteria ya no se encuentra en el cuerpo del enfermo. Por último, los avances en los tratamientos antibióticos han permitido que las personas detectadas a tiempo y precozmente no necesiten ningún tipo de cirugía porque el antibiótico es lo suficientemente eficaz. Esto ha supuesto una revolución, un cambio de 180 grados en los tratamientos y es un gran logro conseguido con los años que supone un profundo cambio respecto a cómo se combatía esta enfermedad en 1998 cuando comenzó la andadura de la Iniciativa Mundial de Lucha contra la UB.
Un logro conseguido en el seno de la Organización Mundial de la Salud y sobre la que ahora otros grupos de investigadores siguen trabajando, sobre todo en las secuelas intramusculares. Un aspecto fundamental para la completa recuperación del enfermo y que los antibióticos así administrados no solucionan.
¿Cómo de lejos está la vacuna para la UB, ¿La conoceremos pronto?
Si encontráramos el mecanismo de transmisión, científicamente sabríamos cómo parar los contagios y no necesitaríamos una vacuna. Pero esto no ha llegado y al percibir que las zonas endémicas son demasiadas y que los contagios, parece que en la mayoría de los casos, se deben al contacto con el medio ambiente, piensas que no hay manera humana de pararlo, porque no puedes impedir ese contacto humano. Así que el único modo para lograr que las personas sean inmunes, que no puedan contagiarse por la enfermedad, es trabajar en la vacuna. Porque este es el objetivo de la vacuna, inmunizar a las personas. De hecho sabemos que hay personas naturalmente inmunes a la enfermedad porque mucha gente que vive en zonas endémicas no se contagia, lo que es esperanzador a nivel científico. El paso es conseguir una vacuna que no vaya exclusivamente dirigida a pequeñas minorías para conseguir, de ese modo, la implicación de los gobiernos, además de las ONG. Así se evitará que el coste por unidad de vacuna sea demasiado elevado





