Christian Johnson, coordinador del Programa Nacional de Lucha contra la Lepra y la úlcera de Buruli en Benín
“Queremos que los sistemas públicos de salud de los países endémicos se comprometan a atender a los enfermos de úlcera de Buruli”
Es una de las grandes olvidadas dentro de la larga lista de las enfermedades tropicales desatendidas. Pero sigue ahí. La úlcera de Buruli se mantiene como enfermedad endémica en más de 30 países, entre ellos Benín, en África. Allí, el Plan Nacional de lucha contra este mal pone ahora el acento en la detección precoz que, de momento, ha logrado que el 50% de los potenciales enfermos reciban asistencia médica. Los más vulnerables, los niños y las niñas que, una vez enfermos, deben superar consecuencias físicas y emocionales.
La lucha contra la UB en Benín empezó en 1997, ¿cómo están las cosas a día de hoy?
Tenemos infraestructuras y dispositivos de lucha contra la enfermedad en marcha pero nuestro reto es mejorar la detección precoz. Nos encontramos en el 50% y queremos llegar al 80%. Una cifra que exige el compromiso político para que todos los enfermos reciban asistencia médica, que los sistemas públicos de salud respondan a sus necesidades. Para ello, apoyamos decididamente la descentralización de la atención médica sobre todo en comunidades endémicas.
¿Qué supondría esa descentralización?, ¿Qué ventajas y qué inconvenientes?
La principal ventaja de la descentralización es que en cuanto se detecta la enfermedad se puede tratar. La descentralización es, en realidad, una herramienta para la detección precoz. Porque, ¿de qué nos sirve detectar a tiempo si luego pasan semanas hasta que el paciente recibe tratamiento en un hospital? Por supuesto, tiene inconvenientes, y el más importante es que cuesta dinero, es caro. Hay que invertir en personal formado, en especialistas que supervisen los tratamientos, en material, etc...
La medicina tradicional está muy arraigada en Benín, de hecho, son muchos los ciudadanos que siguen confiando en el vudú como modo de curación, ¿qué opinión le merece?
Puedo confirmar que más de la mitad de nuestros pacientes han recurrido a la medicina tradicional o vudú antes de venir a nuestros hospitales y eso se debe a la creencia tradicional de que la úlcera de buruli es un hechizo, una maldición y no una enfermedad natural. Sólo acuden al personal sanitario cuando la enfermedad es grave, por lo que hemos tenido que intervenir y pactar planes de actuación con médicos tradicionales para que nos deriven a los pacientes. Éste es un aspecto sobre el que hay que insistir porque si dejan de recibir pacientes dejan de cobrar y necesitan ese dinero para subsistir. Así que hemos abordado el problema con ellos y la población, elaborando un catálogo de las plantas que emplean y analizándolas químicamente para conocer mejor sus componentes y su eficacia. En cierto modo, podríamos decir que colaboramos, pero siempre con el bienestar del paciente como referencia.
Sabemos de las consecuencias físicas y emocionales de la enfermedad, pero la estigmatización del enfermo es otro factor a tener en cuenta, ¿verdad?
Sí, sin duda. Además de las consecuencias físicas para los afectados, que sufren limitaciones funcionales además de rechazo a su cuerpo y de las consecuencias económicas, pesa sobre ellos ese estigma. Un estigma que contrariamente a lo que se pueda pensar no viene generado por el miedo al contagio, sino por las úlceras, las infecciones del paciente. Es una molestia para quienes le rodean por lo que son muchas las veces en las que el enfermo resulta marginado.
¿Hemos hablado ya de la detección precoz pero, ¿qué más retos deben ser abordados?
Es fundamental que siga el trabajo sobre la úlcera de Buruli, que se mantengan en aplicación los Planes Nacionales que funcionan y que esta enfermedad sea prioritaria. Además, el mensaje de que la atención a los enfermos por parte del sistema sanitario de cada país es posible, debe calar entre todos.





