Entrevista a Margarita Posada, directora de APROCSAL
“Las consecuencias de 'Aghata' a futuro pueden ser más destructivas que en lo inmediato”
Ha vivido los efectos de la tormenta Aghata muy de cerca. Salió angustiada y muy preocupada de las comunidades en las que trabaja. Ella es Margarita Posada, directora de APROCSAL, organización aliada de la Fundación Anesvad en El Salvador. Narra con preocupación la situación actual y, sobre todo, como insiste ella: “Las consecuencias a futuro pueden ser más destructivas que en lo inmediato”
¿Cómo ve la situación tras el paso de ‘Aghata’?
Parecía más tranquila en las últimas horas, pero el río Lempa, que comienza en Guatemala, pasa por Honduras y en última instancia llega a El Salvador por desgracia se desbordó en el Bajo Lempa y anegó las comunidades rurales, como ya sucedió en 2008. La población no esperaba más lluvias, pero con las últimas precipitaciones no se ha evitado el desastre. Con que llueva en Guatemala ya tenemos un grave problema, porque el río llega a El Salvador con mucho más caudal.
¿Se ha visto afectada la población de las comunidades en las que trabajamos con ustedes?
Sí, en el área de San Pablo Tacachico ahora mismo tenemos 15 familias damnificadas de una comunidad. El río Lempa pasaba por allí, así que imaginen.
¿Va a remitir el temporal? ¿De qué informaciones disponen?
Esperan que en breve remita el temporal, aunque la alerta roja a nivel nacional todavía se mantiene. De hecho, las clases siguen suspendidas en todo el territorio nacional.
¿De cuántos desplazados hablamos ya?
Ahora tenemos 10.000 refugiados, y con el desborde del ‘Lempa’ la situación ha empeorado. La gente de esta zona está abandonando sus casas, el agua inunda las viviendas…
¿Cómo está respondiendo el Estado a una situación de emergencia como ésta?
Una de las principales medidas es la habilitación de albergues. Aquí van las personas sin casa, sin ropa y sin comida. Además, a las personas del Bajo Lempa se les han muerto los animales y los campos donde se cultivaba el grano básico se han inundado y la producción está perdida. Han perdido los cultivos, que son los principales medios de subsistencia de estas gentes. Al perder las reservas de alimentos, ahora nos toca importar grano de Nicaragua. El problema no es en lo inmediato, sino que a medio y largo plazo veo peligrar la seguridad alimentaria de las comunidades. La zona de Usulután que ha resultado muy perjudicada es una de las principales zonas de producción de grano del país.
¿Las consecuencias van a ser mayores con el paso del tiempo?
Sí, vamos a encontrar problemas de alimentación y lo que nunca atendemos en estos casos: la salud mental de la población damnificada. Por ejemplo, en las comunidades del sur de San Vicente, que se vieron afectadas por la tormenta tropical ‘Ida’, que se llevó todo el deslave del volcán de San Vicente sufren cuadros de estrés y ansiedad por el miedo a que algo así se repita.
Estos fenómenos naturales acongojan más a las poblaciones vulnerables…
La gente que ha vivido episodios así, cuando ve llover de esta manera se encuentra en una situación de zozobra constante, con miedo en el cuerpo. Cuando surgen estos desastres, uno de los déficits de El Salvador es la falta de asistencia psicológica a los damnificados, algo que con el tiempo pasa factura. Es una de las debilidades de nuestro sistema de salud.





