Haití: Y ahora ¿Qué?
Haití lleva décadas viviendo presa de la inestabilidad política, de problemas de inequidad y de injusticias sociales. El terremoto del 12 de enero ha sacado a la luz pública las escalofriantes cifras del país. Ocho de cada diez personas viven por debajo del umbral de la pobreza y su renta per cápita es 25 veces inferior a la nuestra. Además, Haití ocupa el puesto 149 de 179 en el Índice de Desarrollo Humano (IDH). Es ahora, con el terrible temblor de tierra que ha sacudido medio país, cuando la opinión pública internacional empieza a conocer un poco más sobre las causas estructurales de la pobreza que desde hace mucho tiempo asola a este país.
Haití tiene una larga historia de miseria y sufrimiento. El país logró independizarse de Francia en 1804 a raíz de una rebelión de esclavos. Fue la primera nación en liberarse del colonialismo en América, aunque la inestabilidad política no desapareció con ello. Durante décadas se caracterizó por tener en el poder a gobiernos de corte autoritario.
Ahora es el momento de arrimar el hombro con la población haitiana. La marginación a la que le ha sometido desde siempre la comunidad internacional exige respuestas contundentes. Haití no merece estar como está.
La respuesta de los gobiernos occidentales -que antaño lo ocuparon y explotaron- debe estar a la altura. Es hora de incluir a Haití en la agenda de los países del Norte y no sólo en el de las ONGD.
En 1990, Jean-Bertrand Aristide se convirtió en el primer presidente elegido democráticamente, aunque un año después fue derrocado en un sangriento golpe militar no ajeno a la comunidad internacional. Desde entonces, Haití ha sido un ir y venir de dirigentes, en muchos casos corruptos y viviendo al margen de las necesidades perentorias de la población.
Pero además, Haití también arrastra un maltrato histórico a su medioambiente y a sus ecosistemas. Los expertos en medio ambiente de todo el mundo han señalado el riesgo que enfrenta Haití de convertirse en el primer desierto de la región del Caribe, debido a la fuerte deforestación como consecuencia del consumo abusivo de carbón vegetal. Las Naciones Unidas calculan que el 70% de la población haitiana utiliza carbón vegetal para cocinar: no tienen otra opción.
Haití ha perdido sus bosques por décadas, pero la tasa de tala y quema de bosques para convertirlos en tierra cultivable o matorral aumentó durante la década de 1990. Actualmente, las reservas forestales haitianas desaparecen a una tasa de 15 a 20 millones de árboles por año, lo que amenaza con transformar radicalmente al país, otrora exuberante y frondoso. No hay más que visitar la frontera entre República Dominicana y Haití para descubrir la enorme brecha medioambiental que existe entre ambos países que conforman la isla ‘La Española’. A un lado bosques frondosos y, al otro, un desierto de troncos talados. La tierra haitiana ha sido explotada y maltratada desde hace siglos. Aunque no se puede pasar por alto que la República Dominicana también cuenta con zonas empobrecidas y problemáticas.
Ahora es el momento de arrimar el hombro con la población haitiana. La marginación a la que le ha sometido desde siempre la comunidad internacional exige respuestas contundentes. Haití no merece estar como está. La respuesta de los gobiernos occidentales -que antaño lo ocuparon y explotaron- debe estar a la altura. Es hora de incluir a Haití en la agenda de los países del Norte y no sólo en el de las ONGD.
La ayuda de emergencia que llega ahora a Haití es de vital importancia. Pero lo es igualmente la reconstrucción del país caribeño, que seguramente supondrá años de trabajo y sudor. Porque las causas estructurales de la pobreza en Haití están ahí, y siguen latentes. El país nunca cambiará si no dejamos que cambie. Es necesario preservar su naturaleza, acabar con la desigualdad y la vulnerabilidad de su gente y apoyarles económicamente desde el Norte para que ellas y ellos mismos sean protagonistas de su propio desarrollo. De su propio desarrollo educativo, sanitario y productivo. Algunas organizaciones llevamos años apoyando proyectos de desarrollo en el país y seguiremos allí tras la catástrofe. Pero cuando decrezca el interés mediático, termine toda la acción de la ayuda internacional y se reconstruya parcialmente Puerto Príncipe, seguramente Haití volverá a ser ese país del Caribe olvidado por el mundo. Entonces, la pregunta que habrá que formularse será: Y ahora, ¿Qué?





