La pobreza que traerá el cambio climático
Las sequías, las inundaciones o la subida del nivel del mar provocan ya más desplazamientos que las guerras
A los desastres naturales, le siguen, casi con toda seguridad, graves desastres humanitarios. Pero más allá de las grandes noticias, de las grandes catástrofes que dejan centenares, miles de personas muertas y desplazadas, existen las consecuencias del llamado cambio climático. Efectos diarios que no saltan a la vista por no ser especialmente llamativos, pero que provocan importantes alteraciones medioambientales y de los ecosistemas. Alteraciones que a su vez repercuten en la vida de millones de habitantes del planeta que ven cómo cambia su vida.
El aumento global de las temperaturas es conocido en todos los países pero, en los del Sur, el impacto es mayor. Allí, las personas más pobres del planeta dependen de la tierra en mayor medida que nosotros y nosotras, y para esa dependencia el alza en el mercurio es fatal. Suben los grados, y como ecuación lógica hay más sequías, menos agua y menos desarrollo. La Organización de Naciones Unidas calcula que, en un año, 50 millones de personas en todo el mundo se verán obligadas a emigrar por causas relacionadas con el medioambiente. De esos 50 millones, la mayoría serán africanos y africanas. Poblaciones que, en su mayoría, dependen de la agricultura de subsistencia, que no genera el CO2 causante del cambio climático y que, sin embargo, pagarán duro sus consecuencias.
Además, esos éxodos masivos de población podrían favorecer la propagación de enfermedades. Por un lado, porque para garantizar el bienestar de la población es necesario un entorno sano, un ambiente en el que las personas puedan vivir con dignidad. Algo que no ocurre cuando los desplazamientos forzosos obligan a vivir en condiciones de miseria. Por otro lado, las autoridades sanitarias temen que el cambio climático incremente la expansión de enfermedades como la malaria, ya que facilitará que los mosquitos que la transmiten lleguen a zonas en las que actualmente no está presente. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, 80 millones de personas podrían resultar infectadas en todo el mundo.
Una vez más, Centroamérica inundada
Cada invierno, las tormentas tropicales azotan América Central. Y cada año sus consecuencias son devastadoras. Lo último, la tormenta tropical Agatha. Nos preguntamos, ¿Por qué Centroamérica es tan vulnerable a las inundaciones?
La respuesta responde a una ecuación más sencilla de lo que parece. Centroamérica es una zona de pobreza, en algunos casos, de pobreza extrema, un determinante claro de una mayor vulnerabilidad. La población se asienta en demasiadas ocasiones en zonas de riesgo, con importante deforestación, e incluso a orillas de ríos y en laderas de montaña con altas probabilidades de derrumbes y deslaves. Las personas más expuestas, las más pobres, son las obligadas a asentarse en estos lugares. Lo más grave por tanto es que estos desastres se repiten año tras año y sus consecuencias devastadoras también.
Las comunidades más desfavorecidas sufren, de manera desproporcionada pérdidas irreparables, y se sabe que ese momento va a llegar. Porque las autoridades conocen que cada invierno, con la llegada de tormentas y huracanes, los desastres naturales y humanitarios están asegurados. Por eso, desde la Organización de las Naciones Unidas, el Director de Estrategia Internacional para la Prevención de Desastres, Sálvano Briceño apunta a que estos desastres “tienen que ver con la escasez de recursos, pero no sólo. También se relacionan con las concepciones y las prioridades políticas”. Briceño insiste en que hay que priorizar la reducción de riesgos, frente a las respuesta a las emergencias. Y concluye que “una mayor inversión en los denominados sistemas de alerta temprana también podría reducir el número de víctimas de manera significativa”.





