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La solidaridad, un trabajo diario

Hoy 31 de agosto celebramos el Día Internacional de la Solidaridad. La Real Academia Española de la Lengua (RAE) define la solidaridad como “la adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros”. Desde la Fundación Anesvad pensamos que va mucho más allá: la solidaridad tiene que estar presente en cada gesto, pensamiento o acción de cada día. Las pequeñas acciones cotidianas también ayudan a transformar el mundo.

Hoy celebramos el Día Internacional de la Solidaridad, una fecha simbólica en la que la ONU recuerda que la solidaridad no sólo es un requisito de carácter moral, sino también una condición previa para la eficacia de las políticas de los países y los pueblos. Es una de las garantías de la paz mundial.

Vivimos un período de grandes diferencias entre ricos y pobres. El verdadero progreso no se logrará sin la cooperación entre todas las naciones y los pueblos para acabar con la pobreza y sin la solidaridad con los desposeídos. Como señalaba Gioconda Belli: “La solidaridad es la ternura de los pueblos”. Algo que sólo se logrará entre todos y todas.

Debemos asumir la responsabilidad ante las personas que no pueden obtener los recursos suficientes para el desarrollo, cuyos derechos humanos y dignidad no se respetan. Todos ellos y ellas son nuestra preocupación común.

Por consiguiente, debemos aspirar a que el siglo XXI sea la era de las naciones, los pueblos y los individuos consagrados a la solidaridad. Un camino en solitario lleva inexorablemente al aislamiento. Las estructuras supranacionales, fundadas precisamente en el principio de la solidaridad con el debido respeto a las particularidades locales y la diversidad cultural, ofrecen la posibilidad de un desarrollo pleno y estable.

La efeméride que celebramos hoy contribuirá a la aplicación de la Declaración del Milenio de las Naciones Unidas. Disponemos de poco tiempo para cumplir con las metas propuestas para el 2015. No son un capricho, son necesidad. Necesidad en educación, sanidad y en derechos básicos. Algo que puede cambiar la vida de millones de personas muy vulnerables en los países del Sur, especialmente en mujeres, niños y niñas.

Pero este trabajo hay que hacerlo sin lástima, sin caridad, sólo con auténtica confianza en la solidaridad, creyendo de verdad en lo que hacemos. Y es que como decía Eduardo Galeano: “La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respetuo mutuo”. Hoy tenemos mucho que reflexionar.

 

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