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2015-02-06

Categoría: Historias desde...

El mal llamado castigo de los dioses

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Rukmini tiene 45 años y le diagnosticaron lepra hace doce. Entonces tenía sólo unos pocos de parches en la piel con pérdida de sensación. Se asustó cuando los doctores le dijeron que tenía la enfermedad,“se me pasaron por la cabeza todos aquellos casos que había conocido antes; las mutaciones, las marcas en la cara, las ampollas...Me asusté mucho, no solo por llegar a padecerlas físicamente, sobre todo por el rechazo de la gente y la exclusión”, cuenta Rukmini.

En aquel entonces Rukmini estaba en las primeras fases de manifestación de la enfermedad, cuando el tratamiento cura y evita el desarrollo de deformidades. Pero el miedo a la exclusión y el desconocimiento de la enfermedad la paralizaron. No sentía dolor alguno ni tenía síntomas a parte de las marcas en la piel y la pérdida de sensibilidad y decidió ignorar el diagnóstico.

Su marido la abandonó cuando se enteró de que padecía lepra y se casó de nuevo. La dejó sola con su hijo que tenía 11 años y ninguno de los dos ha vuelto nunca a saber nada de él. Rukmini trabajaba entonces empaquetando medicamentos para una industria farmacéutica, ganaba 2 euros al día. No tomó la medicación y dejó que la enfermedad la degenerara poco a poco; primero perdió la sensibilidad en las manos y pies y luego los huesos se fueron consumiendo. El trabajo manual dañaba aún más sus manos, provocándole heridas y úlceras continuas y favoreciendo la pérdida de los huesos. Cuando Rukmini decidió tomarse en serio la enfermedad y empezar de manera regular el tratamiento sus dedos eran la mitad de lo largo que habían sido y sus pies habían perdido por completo la sensibilidad. Empezó el tratamiento (MDT) para caso Multibacilar-MB en 2003 y hoy está curada, pero las marcas de lepra en sus manos la acompañan para siempre y provocan rechazo.

No hace mucho la empresa farmacéutica le pidió que abandonara la empresa cuando se dieron cuente del estado de sus manos. Hoy ella y su hijo viven gracias al salario de su hijo como peón de imprenta, de 85 euros al mes. Muchos años atrás en India la lepra era asociada al pecado, interpretada como un castigo de los dioses. Los pacientes eran estigmatizados y rechazados por la familia y la comunidad. Vivían aislados de la sociedad en asilos que ayudaban a perpetuar el estigma asociado a la enfermedad y a mal educar a la sociedad en la naturaleza de la lepra. Hoy sabemos que la lepra es una enfermedad tratable y curable si se detecta temprano. Pero incluso una vez después de haberse curado muchos pacientes como Rukmini tienen que cargar con el rechazo que provoca la señal de haber padecido la enfermedad.

Texto y foto: Ana García Blanca

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