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2014-01-21

Categoría: Trata de seres humanos

Bangladesh a diez metros sobre el mar

Bangladesh a diez metros sobre el mar

Imaginemos un país con una población de 150 millones de habitantes para un territorio cuya superficie equivale a la conjunta de Andalucía y Castilla-La Mancha, donde residen unos diez millones de personas. Supongamos, además, que sus tierras no se elevan más allá de los diez metros sobre el nivel del mar. Y dibujemos, sobre esta gran llanura aluvial, una gigantesca y griega, cada uno de cuyos brazos transporta las aguas provenientes de ambas vertientes del Himalaya: las del sur, mediante el río Ganges, y las del norte, mediante el río Brahmaputra.

Más allá de la confluencia de ambos gigantescos cauces, en dirección al mítico golfo de Bengala, se ubican Dhaka y sus 15 millones de habitantes, la novena ciudad del mundo, y capital del estado más densamente poblado del planeta, si excluimos a los micro-estados urbanos.

Estamos en un delta muy amplio, fértil y aparentemente acogedor, pero que se inunda con mucha facilidad por casusa del monzón, y que, conforme avanzamos hacia el mar, se convertirá en una maraña impenetrable de manglares, los célebres Sundarband, hogar recóndito del tigre, que aquí, en el más grande bosque de este tipo que existe, es aún temido con razón por los lugareños, si bien otros, y mucho más graves, son los problemas que amenazan a la población de Bangladesh, cuya renta per cápita es una de las más bajas de entre todos los estados del mundo.

Las fronteras de Bangladesh se perfilaron en 1947, cuando se produce la independencia de la India y surge el estado de Pakistán, conformado por dos territorios de mayoría musulmana ubicados a uno y otro lado, este y oeste, del gigante indio, y separados entre sí por miles de kilómetros, una anomalía geopolítica que difícilmente podía perdurar en el tiempo, y así se produce la independencia del denominado Pakistán Oriental en 1971, tras una guerra de liberación, que combinó agitación popular, afirmación nacional y desobediencia civil, contra la dominante parte occidental.

El nuevo estado de Bangladesh se constituye en democracia multipartidista, pero durante décadas sufrirá de pobreza, hambrunas, inestabilidad política y constantes asonadas militares, que parecen terminar en 1991 con la restauración de la democracia, si bien el país queda muy polarizado desde entonces, y nunca han desaparecido las manifestaciones de la llamada violencia “hartal”, que consiste en protestas políticas partidistas, muy violentas, que desembocan con facilidad en saqueos, destrucción de inmuebles, e incluso linchamientos y asesinatos.

Bangladesh se halla enfrentado, y a veces a merced, de graves problemas políticos y sociales, como son la burocratización y corrupción de los poderes, la extrema pobreza de amplísimos sectores sociales, y la explotación laboral y sexual de mujeres y menores, así como la inestabilidad política, la superpoblación y la vulnerabilidad al cambio climático, que ya ha avisado de que puede dejar bajo las aguas, para siempre, a gran parte del país.

 

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