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2014-04-30

Categoría: Anesvad

Fronteras que separan sueños de pesadillas

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La frontera le espera. Queda cerca y ella ve un sueño cercano, pronto partirá en dirección a la esperanza de una vida mejor. Mejor calidad de vida para ella y los suyos, un trabajo doméstico al otro lado de la aduana donde hay proyectos vitales que cobran vida y forma.

Mucha gente la echará en falta, pero las ganas de cruzar la frontera del suroeste pueden con todo. Un día con cielo despejado y súbitamente, sin dar más explicaciones cogerá el petate se subirá a ese coche y pondrá rumbo a ese lugar donde las luces no se apagan de noche, donde la vida late las 24 horas.

Será una forma dura de abandonar la tierra que la vio nacer y crecer, pero también la tierra donde tienen pocas esperanzas de prosperar, más allá de una rutina marcada por el trabajo a destajo, de sol a sol, entre arrozales o criaderos de gambas.

Extrañamente ese sueño cercano a la frontera para muchas mujeres se torna una aventura peligrosa que puede terminar en un sinsentido. Llega la última noche y la decisión ya está tomada, sabe que al día siguiente subirá a ese vehículo que bajo un cielo sin nubes le llevará hasta la gran ciudad.

Esa urbe alborotada donde el silencio del campo se evaporará entre el trotar de carros, coches y el ruido ensordecedor de miles de personas trabajando o buscándose el pan en cualquier rincón de la calle, bajo cualquier adoquín, baldosa o acera algo que pueda dar fuerzas para llegar al día siguiente.

Una ‘city’ convertida en un mar de héroes diarios y anónimos que se aferran a la dignidad para salir adelante junto a los suyos. Allí recae ella y cuando pise el suelo solo será para ver la luz del día cinco segundos, los que separan el coche del habitáculo oscuro donde va a pasar los próximos meses o años, nunca se sabe.

El sueño se torna tormenta amarga. La Trata de Seres Humanos se presenta con toda su crudeza, el peor esperpento del ser humano frente a una. Descubre el engaño, no hay servicio doméstico donde trabajar con contrato y dignidad, solo un habitáculo sin luz donde entran y salen hombres que se creen propietarios de otros, que juegan a ser el demonio con vidas ajenas.

Un grito desgarrador en el monótono silencio de su habitáculo es su forma de expresar ese absurdo castigo de otras personas que le han llevado ahí. Las mismas que le engañaron y sometieron como si de un animal se tratara.

Porque la esclavitud tiene muchas caras y de eso muchas mujeres en Bangladesh lo saben. En el suroeste de este país asiático hay sueños que se desvanecen en el momento que cruzan la frontera dirección a Calcuta con el anhelo de un mundo mejor para ellas. Drama fronterizo y universal que ocurre hoy y ahora en otros muchos rincones del planeta.

 

Redacción de Adrián Seminario, miembro del área de Comunicación.

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