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2014-09-08

Categoría: Desigualdades

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Adrián Seminario

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Un 8 de septiembre del año 2000 los jefes de Estado de 191 países reconocieron por primera vez que poner fin a la pobreza, la desigualdad y sus causas estructurales es una responsabilidad de todos y todas. Así asumieron el compromiso de cumplir los ocho objetivos de la Declaración del Milenio de Naciones Unidas con metas y plazos definidos hasta el 2015.

Es por ello que cada 8 de septiembre se celebra el Día Internacional del Cooperante, una efeméride para recordar a todas las personas que trabajan en las zonas menos favorecidas  de la tierra y también para reivindicar un marco legal y de seguridad para su impagable labor. No es fácil encontrar hoy en día personas dispuestas a dejarlo todo, borrar del mapa su comodidad y confort para ‘mojarse’ por los demás.

Por ello, la figura del cooperante resulta extraña en un mundo donde el liberalismo, el individualismo y las prisas por crecer en el escalafón social se imponen ante la lucha por la igualdad, la justicia social o el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Fondos y voluntad para alcanzar metas

El cooperante es una persona especializada que desempeña su labor en terreno vinculado a la temática de la ONGD y/o asociación sin ánimo de lucro a la que pertenece en ámbitos tan dispares como la educación, la salud, el saneamiento ambiental, la ingeniería, la paz o la interculturalidad. Para alcanzar sus metas en terreno necesita de la ayuda internacional de sociedad y gobiernos, algo que en estos días se reclama con ahínco ante los duros recortes a la ayuda al desarrollo.

Pero además de precisar de fondos para sacar adelante sus proyectos, deben aglutinar una serie de cualidades profesionales, así como ese espíritu solidario y afán de superación por ayudar a los demás. Estos últimos constituyen el ‘leit motiv’ de muchos/as de ellos y ellas. Es difícil conocer a un cooperante que no le mueva la utopía de un mundo mejor, porque solo así se explica que muchas veces estén en contextos donde el hambre, la enfermedad o la guerra castigan a los más débiles.

Su  activa presencia en situaciones de emergencia o los secuestros que sufren en ocasiones por parte de grupos radicales y armados en los últimos años son una demostración del peligro al cual están expuestos y al cual hacen frente sin titubear, porque si el miedo se impusiera, jamás sería posible ser un gran agente de cambio como lo son todas esas extrañas y generosas personas que colaboran desde el terreno con organizaciones como la nuestra. Hoy 8 de septiembre es su día y les queremos dar las gracias.

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