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2019-05-14

Categoría: Enfermedad Tropical Desatendida

La recogida de muestras, fundamental para detectar casos de úlcera de Buruli

Guillermo González

Un técnico de laboratorio sujeta muestras  recogidas en terreno.

Es un procedimiento que debe respetarse y realizarse con mucha minuciosidad. De él dependen la detección y el tratamiento que concluya con la cura del paciente.

La úlcera de Buruli es una infección crónica que debilita la piel y tejidos blandos de quien la padece, hasta el punto de acabar produciendo desfiguraciones permanentes y discapacidad. Para evitar llegar a los estadios más avanzados de la enfermedad que conllevan estas terribles secuelas, la detección y el tratamiento precoces son fundamentales.

El procedimiento en terreno marca un protoclo para su detección, que se inicia con la recogida de muestras de los casos sospechosos. Primero se identifica al paciente y se rellena una hoja con sus datos, fecha, lugar de procedencia, si se trata de un nuevo caso o no y se registra al personal sanitario que recoge la muestra. Esta hoja se mete en una bolsa que luego queda sellada. Los mismos datos se escriben en los tres tubos que recogerán las muestras.

Para obtener éstas se desinfecta la herida y se recogen con bastoncillos muestras del centro de la herida y de los alrededores, que se introducen en los tubos. Éstos se incluyen en la bolsa sellada, que se manda al laboratorio, donde se hace la confirmación de casos a través de métodos moleculares como el PCR. Las muestras se recogen a diario pero si es necesario se pueden conservar en un frigorífico.

En uno de nuestros viajes a Ghana el año pasado pudimos conocer a dos personas cuyo trabajo está directamente relacionado con este protocolo y que nos ilustraron sobre cómo se lleva a cabo. Shirley Victoria Simpson, del departamento de bacteriología del Instituto Noguchi, nos comentaba que en sus instalaciones forman a los técnicos para que sepan cómo coger correctamente las muestras, cómo deben ser empaquetadas, cómo rellenar los formularios que las acompañan.

La fase de recogida es de suma delicadez, puesto que si no se recoge bien se corre el riesgo de incurrir en mal diagnóstico: puede que la bacteria de la enfermedad ni siquiera aparezca. Shirley nos señalaba que hay un protocolo muy concreto para asegurarse de que la muestra se coloca bien, la forma en la que hay que preservarla, el tiempo de transporte hasta los laboratorios… “Es una cadena que hay que respetar”, decía.

Antony Ablordey, del mismo Instituto, nos aseguraba que desgraciadamente no hay todavía métodos rápidos para diagnosticar la enfermedad, aunque desarrollarlos es una prioridad porque un procedimiento tan largo puede conllevar errores. Así, a veces se dan casos en los que en terreno se intuye claramente una úlcera de Buruli, pero como la muestra no se ha recogido bien, en laboratorio da negativo. Ablordey comentaba que “para el tratamiento lo más importante es el diagnóstico, y para eso es necesaria una buena recogida de muestras. Si no, incurrimos en una enorme pérdida de recursos… y las consecuencias de un mal diagnóstico todos las conocemos”.

 

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