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2019-03-04

Categoría: Desigualdades

Rompiendo barreras a base de méritos

Guillermo González

Aunque deba luchar contra los prejuicios y las trabas todavía imperantes, África subsahariana está asistiendo al empoderamiento de la mujer en muchos ámbitos. La salud es uno de ellos.

El peso que se le otorga a la mujer en los países de África subshariana está subiendo por el impulso que su papel supone para sus economías, su bienestar social y su crecimiento. Aunque el trabajo por la igualdad de género debe ser constante y aún está lejos de alcanzar sus objetivos, es innegable que las mujeres están tomando las riendas y ocupando los espacios que por derecho y por méritos les corresponden. Espacios que hasta hace poco les estaban vedados, pero que con su empeño y esfuerzo están encargándose de conquistar.

Si nos circunscribimos al ámbito de la salud, en países como Ghana era frecuente que la mujer destacara y se desarrollase profesionalmente únicamente en la provisión de servicios sanitarios. Pero el techo de cristal -que no sabe de culturas, sociedades o continentes- va quebrándose a golpe de realidades como la de Wilhelmina. Una joven mujer con la que estuvimos en nuestro último viaje al país y que nos demuestra que los puestos de planificación y dirección estratégica de la salud ya no son ajenos a su género.

Wilhelmina Tiwaah es directora del Distrito de Mphohor para el Servicio Sanitario de Ghana desde hace dos años. Desde su puesto trabaja para erradicar las Enfermedades Tropicales Desatendidas como la úlcera de Buruli de una amplia región. De profesión farmacéutica, reconoce que para ella fue un reto dedicarse a su profesión prácticamente desde que decidió estudiar y comprobó que parte de su familia no la apoyaba. “En esos momentos se suponía que tenía que estar en casa, ayudando con las tareas y no estudiando o trabajando”, nos comentó. Por fortuna, contaba con el apoyo de su madre: “Estaba convencida de que tenía que estudiar, buscar mi propio camino”. Ella fue su valedora ante el resto de la familia. Aunque Wilhelmina también reconoce que se ha visto beneficiada por vivir en una zona urbana. “Me ha ayudado a tener posibilidades de progreso, de estudiar, de tener independencia. Esto no es posible para la mayoría de las niñas en las zonas rurales de mi país, e incluso para jóvenes de zonas periurbanas supone un problema que una mujer quiera trazar su camino”.

Cuando se estaba graduando tuvo a su primer hijo. Su madre le animó a seguir con su formación. Hizo un master, que le ayudó a postularse para el puesto de directora de distrito. Y aunque ella misma personifica la lucha contra los prejuicios en su comunidad, reconoce que es difícil no dejarse llevar por tantos años de condicionamiento: “El mal estado de las carreteras hace que el viaje entre mi casa y el trabajo se alargue, lo que añade estrés a mi día a día y… me genera cierto sentimiento de culpa por estar lejos de casa tantas horas”.

Y es que los prejuicios siguen teniendo mucho peso en la sociedad ghanesa. “Una mujer no puede tener éxito laboral, no puede destacar por encima de un hombre porque hace que el hombre parezca menos inteligente, le hace sentir inseguro. Por eso sigue existiendo tanto sometimiento”, nos confesó. Algo que le ha obligado a trabajar la empatía y la comunicación para generar buen clima laboral. “Los hombres llevan mal que yo sea su jefa, más aún porque soy muy joven, así que el truco está en la comunicación, en cómo les hablo, en hacerles sentir importantes”.

Lo mismo, reconoce, que le sucede con los pacientes. “Un hombre no tiene que demostrar que es un buen director de distrito, ni un buen médico, ni un buen farmacéutico. Yo tengo que demostrarlo cada día ante los pacientes, me ven primero como mujer, luego tengo que demostrar mis capacidades y habilidades y una vez que ven que puedo tratarles bien, entonces confían”. De nuevo, los prejuicios tomando el control. Y de nuevo, una mujer para romperlos en pedazos.

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