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2019-04-11

Categoría: Derecho a la Salud

Tres generaciones de mujeres arropadas por la cobertura sanitaria

Guillermo González

Yaa, Doris y Wilherlmina, tres generaciones de mujeres de  la misma familia

A pesar de que la salud está condicionada por una variedad de determinantes sociales, contar con unos servicios médicos equitativos y accesibles es la piedra angular del Derecho a la Salud.

El Centro de Salud Kyekyewere se construyó en 1974. Es esta instalación médica se cubren diversos servicios, como atención prenatal, salud reproductiva y pediátrica o realización de curas. Cuenta con laboratorio propio y atención ambulatoria, así como servicios de internamiento y supervisión al paciente.

Allí conocimos a tres mujeres: Yaa, Doris y Wilhelmina. Abuela, hija y nieta. Era la menor de las tres las que requería atención. Con apenas cinco años, a Wilhelmina ya le había tocado plantarle batalla a una Enfermedad Tropical Desatendida, una úlcera de Buruli que marcaba parte de su espalda. Y es que niños y niñas (sobre todo éstas últimas) son quienes más padecen el azote de algunas enfermedades olvidadas. Sus hábitos de juego (en los que prima el contacto directo) o las obligaciones domésticas (tratar a familiares enfermos o estar en contacto con agua poco salubre) que se cargan sobre ellas a muy temprana edad propician el contagio de ciertas ETD como el pian.

La lesión de Wilhelmina empezó como un rasguño al que no dieron apenas importancia. Fue tratada en casa. Pero lejos de curar, la herida creció. Decidieron llevarla al hospital de la región de Dunkwa y, al limpiarla y retirar la piel muerta, descubrieron qué era en realidad. Para curarla, la niña tuvo que pasar tres meses en Dunkwa, lejos de su casa y ausentándose del colegio. Ahora, tiempo después y ya curada, venía a Kyekyewere a realizarse controles. Era una niña alegre, con una familia que la quiere y se preocupa por ella. Nos despedimos de ellas con una sonrisa.

En la intrascendencia de esta historia reside su lectura positiva. La lesión de Wilhelmina tuvo una resolución feliz. Sin secuelas ni consecuencias. Como su abuela y su madre antes, la niña contaba relativamente cerca con los recursos necesarios para atenderla. Centros de salud, material médico y personal sanitario dispuestos para curarla. Tres generaciones de la misma familia cubiertas por los servicios fundamentales que les permiten ejercer su Derecho a la Salud.

Desgraciadamente, sabemos que en África subsahariana por cada caso feliz e intrascendente, por cada Wilhelmina atendida y curada, hay decenas, cientos de otros niños y niñas cuya salud depende de unos servicios precarios, ineficaces, inaccesibles o económicamente inalcanzables. Y eso, si existen.

Es imprescindible asegurar el Derecho a la Salud de todas las personas, pero especialmente de aquellas que viven en las condiciones más difíciles y en entornos de pobreza. Hay que trabajar para llevar la atención médica a todas las comunidades. Y hay un cauce para lograrlo y por el que apostamos en Anesvad: la Cobertura Sanitaria Universal. Te invitamos a conocerla aquí.

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