El Consejo de Derechos Humanos ha adoptado la primera resolución de la historia que vincula las Enfermedades Tropicales Desatendidas con los Derechos Humanos. Impulsada por Malaui junto a un grupo de Estados africanos, sitúa a más de mil millones de personas afectadas en la agenda del principal órgano de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.
Es la primera vez que estas enfermedades se abordan mediante una resolución específica del Consejo, lo que las eleva más allá del ámbito sanitario para reconocerlas como una cuestión de dignidad, equidad, inclusión y justicia. Para millones de personas, una Enfermedad Tropical Desatendida no se queda en el cuerpo, ni siquiera empezó ahí. Posiblemente empezó antes, en una comunidad sin acceso a agua potable o sin centro de salud. Y continúa en lo que llega después: la vergüenza y la estigmatización. Quedarse sin trabajo o abandonar la escuela. Durante décadas, esa realidad se ha contado como un problema estrictamente médico. Desde esta semana, las Naciones Unidas reconocen que es, también, una cuestión de Derechos Humanos.
Enfermedades del sistema, no solo del cuerpo
Las ETD son un grupo de 21 enfermedades que afectan a más de mil millones de personas en todo el mundo, en su mayoría comunidades que viven en la pobreza, en zonas rurales y en contextos marginados. Son, a la vez, causa y consecuencia de la desigualdad. Hasta ahora, sin embargo, el sistema internacional de Derechos Humanos apenas las había mirado. Dentro del Consejo, únicamente la lepra contaba con un mandato específico dedicado a los Derechos Humanos de quienes la padecen. Las otras enfermedades carecían de una protección y una visibilidad comparables. Esta resolución empieza a corregir ese desequilibrio.
Un liderazgo africano
La resolución ha sido impulsada por la República de Malaui, con el copatrocinio de Burkina Faso, Gambia, Kenia, Marruecos y Tanzania. No es casual. África soporta más del 40 % de la carga mundial de ETD y, al mismo tiempo, ha protagonizado algunos de los mayores avances contra ellas. La propia Malaui eliminó el tracoma como problema de salud pública en 2022, un logro que se suma a la eliminación previa de la filariasis linfática y de la lepra.
“África ha soportado una carga desproporcionada de estas enfermedades durante generaciones, y los países africanos también han sido líderes en la lucha por eliminarlas”, subrayó Madalitso Chidumu Baloyi, ministra de Sanidad de Malaui, tras la adopción. “Al reconocer los vínculos entre las Enfermedades Tropicales Desatendidas y los Derechos Humanos, el Consejo ha afirmado que a ninguna persona se le debe negar la dignidad, las oportunidades, la salud o la inclusión a causa de una enfermedad prevenible y tratable”.
El papel de la red
El resultado es fruto de un trabajo colectivo. Junto a los Estados promotores, organizaciones como Uniting to Combat NTDs (UTC) y Fundación Anesvad han aportado seguimiento y apoyo técnico y estratégico a lo largo del proceso, en coordinación con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH).
«El liderazgo ejemplar de Malaui contribuirá a dar forma a las políticas nacionales, los marcos jurídicos y las asignaciones presupuestarias necesarias para garantizar la eliminación de las Enfermedades Tropicales Desatendidas», ha reconocido Juan Gamboa, nuevo director general de la Fundación Anesvad.
Lo que se abre ahora
La resolución contiene una petición central: solicita al ACNUDH que lleve a cabo una consulta y prepare un informe sobre las dimensiones de Derechos Humanos de las ETD, en diálogo con los Estados, la OMS y la sociedad civil, con recomendaciones para integrar el enfoque de derechos en las respuestas nacionales y globales. Ahí es donde empieza el verdadero trabajo: una resolución reconoce, pero un informe y sus recomendaciones pueden empezar a cambiar políticas, marcos legales y presupuestos.
Quienes han impulsado el texto confían en que este reconocimiento ayude a dar mayor prioridad a las ETD en las agendas políticas mundiales y nacionales, a reforzar la rendición de cuentas y a movilizar la voluntad política y los recursos necesarios para acelerar su eliminación. Es un hito histórico; su verdadero alcance, sin embargo, se medirá por lo que venga después.
Reconocer este vínculo no cura por sí solo ninguna enfermedad. Pero cambia algo decisivo: deja de mirar las ETD como una desgracia inevitable y empieza a tratarlas como lo que son, una injusticia evitable. Porque lo que las une en ese acrónimo es que están desatendidas, no que son incurables.