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2012-05-18

Categoría: Salud Materno-Infantil

Gramos para la vida

Gramos para la vida

Quien se imagine que la desnutrición es sinónimo de no comer bien, se equivoca. Y quien piense que si se da de comer a un niño/a con desnutrición sanará, también.

La desnutrición no es sólo consecuencia de la escasez de alimentos, sino de una combinación de muchos otros factores, como la carencia de proteínas, calorías y micronutrientes, la presencia frecuente de enfermedades e infecciones, las prácticas deficientes de cuidado y alimentación, la falta de servicios de salud adecuados y la utilización de sistemas de agua y saneamiento insalubres.

El mayor peligro de una nutrición inadecuada no es inmediato. Más allá de la inaceptable muerte de un niño/a por desnutrición están las consecuencias que le acompañarán de por vida. Freno en el crecimiento, reducción de la capacidad intelectual, propensión a contraer un mayor número de enfermedades…Son algunos de los efectos a los que, a la larga, tendrá que hacer frente quien haya padecido desnutrición en la infancia.

La desnutrición arranca, en ocasiones, durante el embarazo. Si la madre no se alimenta correctamente y hay déficits en los componentes nutricionales, el feto no crecerá de manera normal. Una vez que nazca, cuando el desarrollo físico y mental puede ver limitado, si la leche no tiene la composición adecuada, los riesgos de ser desnutrido/a aumentan.

El nuevo informe de Acción contra el Hambre, 'Ayuda a la nutrición' (Aid For Nutrition, en su título original) indica que, de los 11.000 millones de dólares que se necesitan anualmente para hacer frente a la desnutrición, únicamente se ha hecho efectivo un 1% cada año entre 2005 y 2009.

Aunque en la actualidad el número de niños y niñas desnutridos es menor que en el decenio de 1990, en el mundo en desarrollo unos 143 millones de niños menores de cinco años -o uno de cada cuatro- tienen peso inferior al normal, y sólo el 38% de los niños y niñas menores de seis meses son amamantados de manera exclusiva.

La Convención sobre los Derechos del Niño de 1989 reconoce el derecho de todos los niños a disfrutar del más alto nivel posible de salud y, en especial, contempla el derecho a una buena nutrición. Todos los gobiernos tienen la responsabilidad jurídica de proteger esos derechos, y el cumplimiento de esta obligación es para el bien de toda la sociedad. La desnutrición es tanto una causa como una consecuencia de la pobreza.

La nutrición adecuada no es solo una cuestión de la infancia. Toda la sociedad se beneficia de que las generaciones del futuro estén bien alimentadas. Las personas que gozan de una niñez aprenderán con más facilidad, serán más productivas y, por tanto, servirán al desarrollo de su sociedad. La nutrición y el bienestar de la infancia son base de una sociedad productiva y sana.

 

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