Detectar a tiempo puede cambiarlo todo
Me llamo Koffi y tengo 10 años. Me gusta mucho la escuela porque allí están mis amigos y aprendemos juntos. Mi momento favorito es el recreo, cuando jugamos y nos reímos.

La historia de Koffi y cómo una escuela saludable evitó que la úlcera de Buruli marcara su visa
Clement Tettey todavía recuerda el día en que vio a Koffi sentado solo al borde del patio de la escuela en Ayensuano. Mientras los demás niños corrían y jugaban durante el recreo, él permanecía quieto, intentando evitar que alguien rozara la herida que empezaba a crecer en su pierna.
Al principio parecía algo pequeño. Una inflamación sin importancia. Nada que llamara demasiado la atención. Pero Clement llevaba años trabajando como agente comunitario de salud y sabía que, en lugares donde las Enfermedades Tropicales Desatendidas forman parte de la vida cotidiana, incluso una pequeña herida puede esconder algo más serio.
«Le pregunté si le dolía», recuerda. «Y me dijo que no mucho, pero que cada día le costaba más caminar hasta la escuela»
Koffi tenía 8 años y era uno de esos niños que siempre levantaban la mano en clase. Le gustaban las matemáticas, jugar al fútbol y pasar tiempo con sus amigos después de la escuela. Pero la lesión comenzaba a cambiar sus rutinas. Caminaba más despacio. Dejaba de jugar. Empezaba a aislarse sin darse cuenta.
Clement había recibido formación para identificar signos tempranos de enfermedades de la piel como la úlcera de Buruli dentro de las actividades de vigilancia comunitaria y promoción de escuelas saludables. Y algo en aquella herida le hizo actuar rápido.
Avisó al personal sanitario y Koffi fue derivado para recibir atención médica antes de que la enfermedad avanzara.
Fue una decisión que cambió su historia
La úlcera de Buruli puede provocar lesiones graves, discapacidad permanente y largas ausencias escolares cuando no se detecta a tiempo. Muchos niños llegan demasiado tarde al tratamiento, después de meses de dolor, miedo o diagnósticos equivocados.
Pero esta vez fue diferente
Gracias a la detección temprana y al acompañamiento recibido a través de las actividades comunitarias impulsadas con el apoyo de Fundación Anesvad, Koffi comenzó el tratamiento antes de sufrir complicaciones mayores. La herida pudo controlarse y sanar sin afectar de forma irreversible su movilidad ni su vida escolar.
«Cuando los niños aprenden en un entorno donde alguien está atento a su salud, las enfermedades no tienen tiempo de destruir sus oportunidades»
Para Clement, ahí está la verdadera importancia de una escuela saludable: no solo enseñar, sino también proteger.
“Cuando los niños aprenden en un entorno donde alguien está atento a su salud, las enfermedades no tienen tiempo de destruir sus oportunidades”, explica. “Detectar temprano significa que un niño puede seguir siendo un niño”.
Hoy Koffi ha vuelto al patio con sus compañeros. Corre otra vez detrás del balón, participa en clase y vuelve a hablar de lo que quiere ser cuando sea mayor.
Y cada vez que Clement lo ve jugar, recuerda que a veces una intervención a tiempo no solo cura una enfermedad. También protege un futuro.
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