Volver a correr, volver a aprender
Me llamo Awarama, tengo 12 años y me gusta mucho ir a la escuela porque aprendo cosas nuevas y puedo jugar con mis amigas. En la escuela también nos enseñan a lavarnos las manos y a usar agua limpia para no enfermarnos.
La historia de Awarama y cómo una escuela saludable le devolvió su infancia
Dorothea recuerda el momento exacto en que empezó a preocuparse de verdad por su hija. Fue una mañana cualquiera, antes de ir a la escuela, en la comunidad de Ayensuano, en la Eastern Region de Ghana. Awarama, de solo 12 años, estaba sentada frente a la casa con el uniforme puesto y la mochila preparada, pero no tenía fuerzas para levantarse.
Las heridas del pian en sus piernas le dolían demasiado.
—«Mamá, hoy no quiero ir», le dijo casi en un susurro. «Me duele cuando camino».
Dorothea sabía que algo no iba bien. Awarama siempre había sido una niña alegre, de las primeras en correr al recreo y de las últimas en querer volver a casa. Le encantaba aprender canciones nuevas, jugar con sus amigas y enseñar orgullosa los ejercicios que hacía en clase.
Pero el pian empezó a cambiarlo todo
En la comunidad, muchas familias no conocían la enfermedad ni sabían que tenía cura. Las heridas empeoraban poco a poco y, mientras tanto, Awarama comenzó a faltar a la escuela. Algunas mañanas el dolor era demasiado fuerte. Otras veces simplemente se quedaba en casa, avergonzada de enseñar sus piernas delante de otros niños.
Cada día fuera del aula era un día perdido para su aprendizaje y también para su infancia
Como muchas madres en Ayensuano, Dorothea hacía todo lo posible para cuidar de su familia. Pero cuando el acceso al agua limpia es limitado y las condiciones de higiene son difíciles, enfermedades como el pian encuentran la manera de propagarse con rapidez, especialmente entre los niños y niñas.
La esperanza llegó cuando los equipos comunitarios y el personal sanitario comenzaron a visitar la escuela y la comunidad para enseñar a las familias cómo prevenir enfermedades de la piel, cuidar las heridas y mantener hábitos de higiene saludables. Por primera vez, Dorothea escuchó algo que no esperaba: el pian podía tratarse.
“Cuando una niña puede ir sana a la escuela, vuelve a sentirse libre”
Con el acompañamiento adecuado y el tratamiento recibido a través de las actividades de salud comunitaria impulsadas con el apoyo de Fundación Anesvad, las heridas de Awarama comenzaron a cicatrizar.
Ahora Awarama vuelve a levantarse temprano para ir a la escuela. Ha recuperado las ganas de jugar, de aprender y de compartir tiempo con sus amigas. En clase también aprende algo importante: cómo cuidar de su salud, lavarse las manos y protegerse para no volver a enfermar.
Hoy, cuando Dorothea escucha a su hija reír al volver del recreo, siente que ha recuperado mucho más que su salud.
“Cuando una niña puede ir sana a la escuela, vuelve a sentirse libre”, dice emocionada. “Y una madre vuelve a tener esperanza.”
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